Por Sebastián Espiño
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¿Cuál es el deporte nacional? Le preguntaba el profesor de Educación Física al nene de los pantalones con las rodillas mugrientas de haberse tirado al piso para barrer a su compañerito en el mágico camino al gol de cada recreo. Con toda su inocencia, el chico responde: “el fútbol”. Es que con sus menos de diez años de vida ya vio decenas de veces a Messi con la pelota en los pies, el padre le mostró las fotos de Passarella con la Copa del Mundo en la mano y le explicó por qué se tiene que emocionar cuando vea a Maradona hacer el gol a los ingleses. Su respuesta es la síntesis más perfecta de la continua catarata de postales futboleras que emergen a diario en los medios de comunicación a lo largo y ancho de país. Es la más típica reacción en un país donde la patria deportiva fue desde fines del siglo XIX colonizada por el fútbol, pese a que desde 1953 un decreto gobierna con la idea de que el único deporte nacional es el Pato.
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El Pato y los inicios de un juego prohibido
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Las primeras notas que se tienen sobre esta actividad en nuestro territorio provienen de 1.610 y el encargado de redactar las líneas que la describían fue el sacerdote Diego Torres de Bello. Según sus escritos durante la beatificación de San Ignacio de Loyola (fundador de la orden de los Jesuitas) dos grupos de hombres a caballo corrieron patos en la Plaza Mayor de Buenos Aires (actual Plaza de Mayo).
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Años después, quien aportó mayores detalles sobre la práctica del Pato fue Félix de Azara un multifacético español nacido en la provincia de Huesca que entre sus actividades se desempeñaba como antropólogo. ¿A qué se jugaba en nuestro país durante el 1700? Cuenta Azara que en aquel entonces dos cuadrillas marcaban dos sitios separados por una distancia de aproximadamente 5 kilómetros y disputaban la posesión de una canasta que incluía en su interior un ave. “Cosen un cuero en el que se ha introducido un pato evo que deja la cabeza afuera, teniendo el referido cuero dos o más asas o manijas, de las que se toman los dos mis fuertes de cada cuadrilla en la mitad de la distancia de los puntos asignados y metiendo espuelas tiran fuertemente hasta que el más poderoso se lleva el pato, cayendo su rival al suelo si no lo abandona”,expresa en sus narraciones el español. La “corrida” era ganada por el grupo que lograba llevar el pato al punto señalado por el rival.
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Sin embargo, el Pato fue prohibido en el territorio nacional. Alrededor de 1730, en Santiago del Estero comenzaron las prescripciones al juego porque los gobernantes consideraban que contenía demasiado salvajismo para ser practicado en la ciudad. La Iglesia reforzó esta idea y llegó a penar con 100 azotes y trabajo forzados para quienes formaran parte del juego. Un año después de la Revolución de Mayo, Cornelio Saavedra amenazó con apresar por seis meses a los jinetes que se atrevieran a despuntar el vicio y poco tiempo después el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodríguez promovió normas en contra del a la postre deporte nacional. Durante sus años de furor, el Pato había causado muertes (humanas, porque los animales poco importaban en la época).
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El resurgimiento y la consagración por decreto
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En 1938 y pocos meses después de una exhibición pública en La Plata, el jefe de seguridad de esa ciudad, Alberto del Castillo Pose se encargó de reglamentar el juego. Habría que jugar de a cuatro competidores por equipo y encestar el Pato (pelota con asas) en un aro que se ubicaría a 2.40 metros de altura colocado en la cabecera de una cancha que tiene que tener entre 180 y 220 metros de lago y 80 y 90 metros de largo. El Pato debe ser sostenido por cada jugador con el brazo estirado y cuando un adversario logre alcanzarlo existirá una “cinchada” en la que ambos disputarán la posesión.
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En 1943 se fundó un campo particular para la práctica del deporte en General Las Heras (luego nombrada Capital Nacional del Pato), dos años antes había nacido laFederación Argentina de Pato.
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Diez años después, el decreto 17.468 firmado por el presidente Juan Domingo Perón nombraba como Deporte Nacional al Pato luego de siglos de prescripciones. En los fundamentos de dicha decisión figuran las características viriles del deporte que nunca se arraigó en el gusto popular argentino. En la actualidad una campaña de la empresa de indumentaria deportiva Topper tiene como objetivo nombrar al Fútbol en lugar del Pato. Después de 200 años de historia ¿Cuál debería ser el Deporte Nacional?
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Fuentes consultadas:
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Breve historia del deporte argentino. Ezequiel Fernández Moores. Editorial El Ateneo, 2010.
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Había una vez un deporte llamado Pato: la historia del Deporte Nacional. En Pensamientos Despeinados, abril de 2006.
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Fotos en Flickr: Tradición Gaucha y Gastonrenis








Un Comentario
Mate. Este blog es increíble. ¿Cómo puedo hacer que se vea así de bien?
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[...] centrada en el deporte y el juego. En este primer extracto hablamos sobre “El Pato”, un deporte nacional decretado por Juan Domingo Perón “que ignora la mayor parte de la población”, y el [...]