
Imagen panorámica compuesta por 14 fotos tomadas momentos antes de la llegada de la lluvia por María Paula Pía. Para verla en tamaño grande click aquí.
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Lo escuchamos miles de veces en la escuela: “Argentina es un crisol de razas“. Venía después de: “es un país muy rico” o “tenemos todos los climas”. En un aula con mayoría de alumnos descendientes de italianos y españoles, la maestra nos explicaba que nuestros ancestros entraban en la categoría “inmigrantes”. Que cada cual traía consigo sus tradiciones y entre todos se formaba el gran abanico cultural que es la Argentina. Después asociábamos los apellidos con algún país. Por ejemplo, Risuti es de Italia, González de España y así. Todos argentinos gracias a la aventura loca de algún pariente que hace años decidió venir a nuestro país en busca de una vida mejor.
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Después nos enteramos que no todo era color Billiken. Que los motivos del viaje del abuelo eran por no estar en una guerra, en busca de un futuro posible o por no tener qué comer o dónde vivir. Que según el momento histórico cada abuelo tenía diferentes razones. También supimos que nuestro país está abierto a recibir personas de todo el mundo y que está escrito y aceptado en el artículo 25 de los Términos y Condiciones.
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Por eso es que Argentina continúa recibiendo a ciudadanos del mundo. Un país abierto que, como puede y le sale, convive con diversas costumbres y tradiciones. Tenemos problemas como todo el mundo: nos cuesta aceptar lo diferente, nos peleamos, nos quejamos y después nos amigamos. Somos los que no sale ser.
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La fiesta del Bicentenario merecía un desfile de “las colectividades”. Un recordatorio de nuestra historia, de nuestros orígenes y de la diversidad de nuestro ’ser’. Y ocurrió. A partir de las tres y media de la tarde la 9 de Julio fue el escenario donde países como China, Japón, Armenia, Portugal, Alemania, Croacia, Venezuela, Bolivia, Uruguay y muchos más; tuvieron su momento para mostrarse y lucirse. Dar a conocer lo suyo, lo que los identifica. Su danza, sus colores, sus rasgos y su sonrisa. Porque si hay una palabra que describe la celebración del Bicentenario es alegría. Y no por resbalar en un lugar común. Está en el clima de la gente, en las sonrisas, en la forma de participar… en la onda. Pareciera que por un momento estuviéramos encantados con nosotros mismos. Entonces nos miramos y nos aplaudimos. Nos respetamos.
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Sólo la lluvia quiso que las actividades del resto de la tarde se suspendieran. Aun no se confirmó si se reprogramarán o quedarán canceladas. Justo era el día del tango y del género más escuchado del país: el folclore. Una lástima. Estaban planificadas las actuaciones de artistas buenísimos, había para todos los gustos. Pero el domingo nos mantuvo pendientes del pronóstico del tiempo y rogando que, por favor, el 25 de mayo no llueva, que es el gran día.
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Resignados, más de uno volvimos a nuestras casas pensando en la coincidencia de la lluvia y las ilustraciones de Billiken. En la cantidad de veces que dibujamos el Cabildo con toda una multitud esperando bajo la lluvia con sus paraguas negros. “El pueblo quiere saber de qué se trata”, nos dijo la maestra que decían. Algunos ahora aseguran que ese día nunca llovió. Y la verdad es que mucho no importa. Lo importante es saber si seguirá lloviendo. Y el pronóstico está a nuestro favor: dice que mañana va a estar mejor.








2 Comentarios
Llovía, llovía, y la gente no se movía… el desfile siguió y siguió, bajo los paraguas. Si nos contaron que llovió durante la semana de Mayo, ahora pudimos constatar que eso pudo haber sido perfectamente cierto: la época de lluvias porteñas no dejó afuera el festejo.
Hoy seguiremos cubriendo desde el Colón y otros eventos más.
Gracias Paula, buenísimas tus fotos.
Tu aporte es genial
Queremos ver YA qué sacaste en la inauguración del Colón!
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