
Es difícil, tal vez imposible, caminar algunas cuadras por la Ciudad de Buenos Aires sin cruzarse con algún trabajo de Ronald Shakespear. Su estudio de diseño, fundado hace medio siglo y hoy dirigido por sus hijos, ha sido partícipe necesario de gran parte del paisaje urbano.
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Sus obras marcan un recorrido inmenso que va de la señalización urbana porteña al Temaikén; el Tren de la Costa; Hospitales; el Subte; el Banco Galicia. Hasta el club Boca Juniors, Duty Free y Harrods están en la lista.
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Podríamos continuar hablando sobre su trabajo de tantos años, pero aquí nos convoca el Bicentenario argentino. Sobre ello le fuimos a preguntar y Ronald, como corresponde, nos llevó a transitar lugares increíbles.
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¿Existe un “diseño argentino”, una identidad visual que nos represente?
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Para no enfermar de trascendentalismo, habitualmente prefiero responder a esta pregunta de esta manera: “soluciones de diseño para problemas argentinos”.
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Siempre he pensado en Roberto Arlt por aquello de “la prepotencia del trabajo”. Latinoamérica está desvastada desde la conquista. Y sigue así. Cuando se habla de la globalización en realidad debería hablarse también del “globalizador”. Y éste es el mismo de siempre y está insatisfecho.
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De todos modos, nos queda la energía y la determinación.
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Durante los últimos cincuenta años hemos sido invitados a exponer nuestro trabajo y dar workshops en el Norte. Nos hemos encontrado con personas magníficas y otras no tanto. Pero ellos saben muy poco acerca de lo que pasa al Sur del Río Grande.
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El Sur también existe.
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¿Qué personalidades rescataría por su aporte del diseño en Argentina?
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A los fundadores, los que iluminaron el camino: Maldonado, Macció, Distéfano, Frascara, Ambasz. Estoy en deuda con ellos.
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He dado charlas en universidades y congresos de 32 ciudades del mundo. En algunas escuelas del Norte, muchos alumnos llegan en autos lujosos y allí los programas son muy lucidos pero nunca, nunca, he visto una constelación de respuestas visivas como en la Universidad de Buenos Aires.
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Milton Glaser estuvo en la UBA hace veinte años y les dijo a los alumnos: “aprendan todo lo que puedan de sus maestros ahora. Y cuando terminen y salgan a la calle, olvídense de todo”.
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Cuando James Ivory encargó a Anthony Hopkins hacer la construcción de este personaje fantástico que era el sirviente en “The remains of the day”, Hopkins tuvo en un cierto momento un problema de carácter conceptual y pidió ayuda. Ivory le recomendó hablar con un butler, un viejo mayordomo de Windsor, que era un experto en el tema. Por lo cual Hopkins lo invitó a tomar el té.
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Se sentaron, charlaron por un largo rato pero en realidad, cuando terminó la reunión, Hopkins tuvo la sensación de que este viejo sirviente no le había dicho nada. Lo acompañó hasta la puerta y ya cuando se iba, decidido a extraer algo del personaje, le espetó: “dígame, finalmente, ¿qué es un sirviente?”.
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El viejo hombre se dio vuelta, meditó un instante y le dijo: ”un sirviente es alguien que cuando entra a una habitación, ésta parece aún más vacía que antes.”
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A mí me ha parecido – tardíamente- que este es el rol de mi oficio.
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¿Desde dónde recibimos mayor influencia?
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En mi caso personal debo decir que son incontables. Alan Fletcher, otra vez Frascara, Lance Wyman, Massimo Vignelli, Josef Muller Brockmann, Armin Hoffmann, Orson Welles, en fin…
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Jamás he dejado de pensar en el diseño. Todo es complejo en la generación de diseño. El comunicador en una suerte de sastre que, como tal, deberá conocer profundamente al emisor y responder con otro conocimiento también profundo: el de la audiencia.
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En el contrato social, el diseño media entre el emisor y la gente. Y esa mediación debe ser de carácter ético y respetuoso con ambas partes. Eso significa tiempo y esfuerzo. Duro trabajo.
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Pero es fundamental entender que es un trabajo entre todos. El comunicador no es una estrella, es un sastre…
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Frascara dice “La misión del diseño no es comunicar, es producir respuestas”.
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Mirada desde el exterior, la Ciudad de Buenos Aires ¿posee su propia identidad?
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Absolutamente. Buenos Aires es una ciudad con una riquísima herencia cultural que la constituye en Marca. Por otro lado ha sido designada Ciudad del Diseño por la Unesco y después de la tragedia del 2001 el Diseño ha florecido merced al esfuerzo y talento de sus habitantes.
Alan Fletcher me contó esta bella historia que había escuchado a su vez en México.
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En el siglo 53 antes de Cristo, Marco Casio invadió Parthia -el actual Irak y vecino de Persia- con 40.000 hombres y el objetivo de extender su imperio hasta India. El resultado fue una catástrofe.
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Y se debió fundamentalmente al diseño del arco de los parthianos, quienes eran maestros en el uso de esta arma de guerra. El arco parthiano fue un arma construída con un resorte laminado, con un alcance y poder que hizo que las legiones quedaran indefensas. Murieron 20.000 romanos y quedaron 10.000 prisioneros. Pero lo importante para nosotros es que los parthianos no vencieron porque tuvieran un mejor General.
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Vencieron porque tuvieron un mejor diseñador.
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El diseño no es necesario, es inevitable.